El azul cobalto del Egeo quedó atrás, devorado por las nubes densas y plomizas mientras el Gulfstream privado de los Kyriakos ganaba altitud hacia el norte. Spetses, con sus buganvilias y su aroma a sal, se sentía ahora como un sueño lejano y peligroso. Tras la interceptación de la lancha de los Van der Bilt y la confirmación de que mi vientre custodiaba al heredero varón, Mavros había decidido que Grecia era "demasiado abierta". Su paranoia, alimentada por la euforia de saber que tendría un hi