El parpadeo amarillo de la alerta de sonar reflejó una geometría de muerte sobre las paredes acorazadas del puente de mando del megayate negro. El siseo del sistema de presurización hidráulica del barco se transformó en un gemido agudo, una frecuencia de pánico que los hidrófonos integrados traducían con una precisión matemática espeluznante: el torpedo de cavitación directa, disparado por el submarino encubierto de la Inquisición de Malta, avanzaba a más de sesenta nudos a través de las termoc