El eco de la última advertencia de Nikolai Vatatzes flotaba en el aire de la cala este con la densidad de una neblina ponzoñosa. En las pantallas secundarias de la pasarela, el radar de largo alcance del mar Jónico continuaba parpadeando, dibujando la silueta geométrica de ese buque de guerra no identificado que avanzaba desde las aguas territoriales de Atenas. La Pax Kyriakos, que apenas unas horas antes se sentía como un escudo de mármol indestructible, acababa de agrietarse bajo el peso de u