El eco hidráulico de las compuertas del muelle privado abriéndose en la penumbra de la cala este resonó a través de los conductos de ventilación de la villa como el gemido de un titán de acero herido. La vibración hizo temblar la porcelana fina de la biblioteca y reactivó los servidores de Byzantium, que pasaron instantáneamente del verde oliva de la tregua al parpadeo violeta de la alerta de intrusión táctica. El pulso electromagnético que había dejado ciegas a las islas Diapontia no era un at