El sol de la tarde se filtraba a través de las inmensas vidrieras de la biblioteca de Kythira, proyectando un manto de luz dorada sobre los mapas tácticos y los servidores de alta encriptación que zumbaban suavemente en los rincones de la estancia. El olor a pólvora y a sangre que había impregnado los jardines de mármol durante la purga de los Moretti se había disipado, reemplazado por el aroma refinado del tabaco de importación, el cuero viejo de los libros de la resistencia y el café cargado