La medianoche sobre el mar Jónico no traía la paz de los hombres comunes; traía el silencio denso, pesado y absoluto que solo los soberanos del caos pueden imponer a su reino. Desde el balcón de la biblioteca de Kythira, las aguas del Mediterráneo parecían una plancha de obsidiana líquida bajo la luna menguante, una superficie inmutable que ocultaba los esqueletos de las lanchas de los Moretti y los secretos que habíamos arrastrado desde los callejones de Mayfair. La fortaleza de mármol blanco,