La palabra "cura" resonó en la austera habitación como un campanazo. Kaelan me miraba con una expresión que trastocaba todos los cimientos de nuestra relación. Ya no era el depredador que evaluaba a su presa, ni el coleccionista que protegía su tesoro. Era la mirada de un condenado que vislumbra una improbable redención.
"¿Una cura?" Repetí, la voz quebrada por el esfuerzo y la incredulidad. "¿Para qué?"
"Para nosotros." Su respuesta fue un susurro cargado de siglos de oscuridad. "Para la maldi