Corrimos. La paz del Nexo, el frágil equilibrio que había logrado, se desvaneció detrás de nosotros, reemplazado por el latigazo del pánico. Cada paso por el tortuoso sendero de montaña era una eternidad. El vínculo con Kaelan, ahora una cuerda tensa de urgencia compartida, transmitía su furia helada y mi terror desbocado.
Seraphine y sus seguidores se movían con una gracia sobrenatural que hacía que nuestros esfuerzos humanos parecieran torpes. Su rostro permanecía impasible, pero noté el leve