Morgan
La mujer comenzó a sacar vestidos de todos los estilos posibles. Colores marfil, blanco puro, crema; telas rígidas y telas vaporosas; pedrería exagerada, encajes cargados y brillos que parecían diseñados para deslumbrar en la alfombra roja, no en un altar. Cada vestido era peor que el anterior. Excesivos, recargados y tan fuera de mi estilo que me daban ganas de arrancarle la sonrisa falsa a la mujer y salir corriendo.
—¿Es que no tienen nada que no parezca salido de un maldito cuento de