La mujer volvió su mirada hacia las chicas hasta mirar a una de ellas que negaba con la cabeza, suplicando en silencio que no hablara, pero fue inútil. La mujer con lágrimas en los ojos respiro profundo, y sin importar nada más tomo su decisión y hablo.
—Fue Anna —volteó la mirada hacia ella, dejándola en evidencia frente a Assim.
Anna clavo su mirada en la joven y, con veneno en la voz, escupió:
—¡Eres una puta! ¡Te pudrirás en el infierno, zorra!
Assim observó firmemente a la joven antes de