Jim, completamente destrozado por la muerte de Emilio, decidió confiar en las palabras de Paulo y se dirigió a la habitación de la señora Ligia. Mientras tanto, Paulo reunió a tres de los hombres y les dijo:
—Síganme al sótano, hay un trabajo pendiente que deben hacer —su mirada frívola dejaba claro que no era una sugerencia.
Al llegar al sótano, Paulo observó a las pocas mujeres que aún se mantenían con vida. Una de ellas, demacrada y con voz quebrada lo miró, logrando articular entre jadeos:
—