El repiqueteo constante de la lluvia londinense contra los inmensos ventanales de Blackthorn Manor sonaba diferente esta noche.
Hace un año y medio, ese mismo sonido me parecía el llanto del cielo acompañando mi condena. Recordaba estar sentada en el asiento trasero de un Rolls Royce, envuelta en un vestido de novia arruinado, mirando a través del cristal empañado y sintiendo que mi vida había llegado a su fin.
Fui vendida.
Esa es la cruda, innegable y humillante verdad con la que comenzó mi hi