El regreso a Blackthorn Manor fue como un cortejo fúnebre.
El trayecto desde la universidad de Central Saint Martins hasta la mansión se había desarrollado en un silencio tan denso y asfixiante que parecía tener peso físico. Isabella iba sentada en la parte trasera del sedán blindado, flanqueada por su padre y su hermano. Estaba rígida, con la mirada clavada en el cristal tintado de la ventanilla, observando cómo las calles de Londres se difuminaban bajo una fina y persistente lluvia.
No había