El tiempo pareció fragmentarse en microsegundos, fotogramas de una pesadilla que se desarrollaba a cámara lenta.
Dante Lombardi voló sobre la distancia que lo separaba de Liam, pero la física dictaba su propia sentencia: no llegaría a tiempo para detener el brazo que sostenía la navaja. La hoja descendía directamente hacia la espalda expuesta de Layla, apuntando a su columna, a su vida.
Si no podía parar el arma, detendría el golpe.
Dante giró su cuerpo en el aire en el último instante, interpo