El rugido del motor V8 del SUV blindado era un monstruo mecánico devorando el asfalto mojado de Londres. Las llantas pesadas cortaban los charcos formados por la lluvia torrencial, lanzando estelas de agua sucia mientras el vehículo de tres toneladas se abría paso por las calles desiertas del East End, ignorando semáforos, carriles y cualquier ley de tránsito existente.
En el asiento del copiloto, Kael operaba como una extensión de la máquina. Su mano derecha sostenía la radio de comunicación e