El regreso a Londres no tuvo nada que ver con la huida desesperada bajo la lluvia de semanas atrás, ni con el viaje tenso de ida a Italia donde el silencio era un muro infranqueable entre los asientos de cuero del jet privado.
Esta vez, el jet de Lombardi Enterprises parecía más pequeño, más íntimo. Alessandra se había quedado en Milán para supervisar la fusión —una decisión que Dante había tomado y comunicado con una firmeza que no admitía discusiones—, así que la cabina era solo para ellos do