—¿Qué diablos te dije sobre dejar de gritar? —me tomó del cabello y me obligó a mirarlo—. Más te vale cuidar esa boca... A menos que quieras que te mate. Te contaré un secreto: me gusta ver los cuerpos humanos sin vida. Lo adoro. Hacen menos ruido que un ser vivo tan miserable. Lo más hermoso es cuando me ruegan por su vida.
Lo miré fijamente mientras soltaba mi cabello. Me levanté con dificultad, llena de rabia. Empuñé mis manos, y con un grito de dolor, lo pateé para luego levantarme.
—¡TE HA