No sabía en qué momento me había enojado tanto, pero era capaz de sentir cómo la sangre bullía por mis venas.
—No sigas hablando —mi abuelo alzó su bastón en mi dirección —, porque si no…
—¿Qué? ¿Me vas a golpear? Anda, hazlo porque solo eso te falta. Saca mi sangre también, que ella esté en tus manos, así como lo está la de mi madre.
—No tienes idea de lo que estás hablando, Aaliyah.
—No me digas así, que no tienes idea cómo aborrezco ese nombre, soy Kany y seguiré siendo Kany para todo mundo