Hablaban de ella como un trozo de carne que se podía servir en un plato u otro.
—¿Y si buscamos un cliente menos exigente? —sugirió Mike—. De todos modos, ella lo vería como un abuso. Creo que… este hombre, el del senado, tenía ciertos fetiches. —Nerea sintió una punzada en su pecho, ya las lágrimas no bastaban, tenía el sabor de la sangre en toda su boca porque ni por un segundo dejaba de morderse ahogando los gritos.
—Ya lo recuerdo, pero no es de mi agrado, la última vez dejó lesiones graves