Luciano entró a la habitación y se dirigió directamente al vestidor. Aflojó el nudo de la corbata, dejó la chaqueta sobre una silla y comenzó a desabrocharse la camisa, dispuesto a ponerse la pijama.
Margaret se quitó el albornoz de seda y lo dejó caer a un lado. Caminó descalza hasta él y, sin decir una palabra, se acercó por detrás. Lo rodeó con los brazos, apoyó el rostro en su espalda y comenzó a besarle la piel desnuda con lentitud. Sus manos se deslizaron por su abdomen y subieron hasta