Arístides aguardaba algo impaciente en la mesa, revisando su teléfono en esperas de Antonella. De pronto, levantó el rostro y vio a Luciano Ferraro regresando a su asiento. Segundos después distinguió a Antonella avanzando por el mismo pasillo.
Se quedó observando con curiosidad la escena. Aquello podía ser una simple coincidencia, o la confirmación de una sospecha que minutos antes había preferido ignorar.
Antonella llegó a la mesa visiblemente agitada. Se sentó sin decir palabra, tomó la co