La mañana siguiente, durante el desayuno, Isabella se mantuvo callada. Ignacio notó que en ese silencio había algo más que incomodidad; había frustración.
—¿Te gusta la crema de maní? —preguntó Valeria viendo como el niño se saboreaba al probar cada bocado de sus tostadas untadas con la cremosa mantequilla.
Fabián asintió enérgicamente.
—¿Y tú como dormiste, Isabella? —se dirigió entonces a la pelicastaña.
—Bien —respondió parcamente.
Valeria sonrió levemente, miró a su marido y le to