Marisol miró a Valentino en cuanto él apareció frente a su padre. Había algo en su presencia que imponía respeto, una firmeza silenciosa que llenaba la habitación sin necesidad de alzar demasiado la voz. Elías, por su parte, lo observó sorprendido, como si no esperara encontrar resistencia, como si aún creyera tener autoridad en un lugar donde ya no le pertenecía nada.
—Salga ahora mismo de mi casa —ordenó Valentino con frialdad—. No es bienvenido aquí.
Elías tensó la mandíbula, herido en su org