Alyna despertó al día siguiente con una sensación de calma que hacía mucho no experimentaba. La luz de la mañana se filtraba suavemente por las cortinas, envolviendo la habitación en un tono cálido y tranquilo. Durante unos segundos permaneció en silencio, simplemente respirando, como si quisiera asegurarse de que ese momento era real.
Giró ligeramente el rostro y lo vio.
Carlo seguía dormido a su lado, con el semblante relajado, lejos de las tensiones que solían perseguirlo incluso en sueños.