Marisol temblaba, no solo por la situación, sino por la mezcla de rabia y frustración que le quemaba por dentro como un fuego imposible de apagar.
Sus manos se cerraban con fuerza, tratando de contener todo lo que sentía, mientras sus pensamientos se agitaban sin control. Aun así, respiró hondo y levantó la mirada hacia la mujer frente a ella.
—Señora Black, yo…
La mujer negó suavemente antes de que pudiera continuar, con una expresión firme pero comprensiva.
—No me digas nada, hija. Conozco per