Alessia observó con la respiración agitada cómo aquel desconocido derribaba al último de los hombres que la habían rodeado. Todo había ocurrido demasiado rápido. Apenas unos minutos antes, ella estaba segura de que moriría en ese callejón oscuro, rodeada de maleantes que la miraban como si fuera basura abandonada en medio de la ciudad. Y ahora… todos estaban en el suelo.
Uno gemía sujetándose las costillas. Otro intentaba arrastrarse lejos, sangrando de la nariz. El tercero permanecía inconscien