Pronto llegaron a la casa de Alessia.
Elías observó el lugar en silencio mientras ella abría la vieja puerta de madera, que rechinó apenas al empujarla. El interior estaba oscuro y olía a humedad. Una fina capa de polvo cubría los muebles escasos, como si aquella casa hubiera permanecido abandonada durante años.
La luz amarillenta del único foco apenas iluminaba la pequeña sala.
Era un sitio triste. Frío. Demasiado silencioso.
Alessia sintió vergüenza al notar cómo él observaba todo a su alreded