Alessia quiso retroceder apenas vio la expresión en el rostro de Eliseo. Había algo aterrador en sus ojos, algo roto, oscuro, como si el dolor lo hubiera consumido por completo. Pero no tuvo oportunidad de escapar.
Dos hombres la sujetaron con fuerza de los brazos.
—¡Suéltenme! ¡Por favor! —gritó desesperada, forcejeando inútilmente.
La arrastraron hasta una silla metálica en medio de aquella habitación fría y sombría. El olor a humedad y electricidad quemada impregnaba el aire. Alessia comenzó