Capítulo 51. Lucifer cede el mando
El motor del blindado ronroneaba, un mantra de metal y potencia en el silencio de la noche. El aliento agitado de Lucifer se mezclaba con el de Liana, ambos suspendidos en el vértigo del deseo y la confesión. Sus frentes todavía se tocaban, y ella sentía la intensidad febril de su piel. Él seguía sujetándola de la cadera, el agarre posesivo que ella tanto había despreciado ahora se sentía como el único ancla en el caos.
Liana se obligó a romper el contacto.
Se apartó lentamente, no por rechaz