Capítulo 16. Bienvenida a mi infierno
Lucifer la arrastró fuera de la lancha sin delicadeza, subiendo las escaleras del palazzo como una bestia herida. El silencio de su rabia era un alarido sordo. Liana, cubierta de polvo y esquirlas de mármol, fue arrojada en el centro de la suite nupcial.
Lucifer no la tocó más; el control de su furia era una amenaza más potente que cualquier golpe.
—Explica ahora —Su voz era baja y resonaba con una furia tan contenida que el aire mismo parecía vibrar. Sus ojos, fijos en los fragmentos del bus