Brenda continuó con su trabajo, tecleando informes y organizando documentos, como si el mensaje de emergencia de Doris nunca hubiera llegado. La información sobre la salud de la esposa de su jefe quedó sepultada bajo una pila de papeles y su propia malevolencia.
Solo cuando Alexander se preparó para salir de la oficina, recogiendo sus pertenencias después de la reunión, Brenda decidió actuar. Se acercó a su escritorio con la misma compostura profesional de siempre.
—Señor Baskerville, disculpe