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Cuando Alexander y Valeria finalmente estuvieron solos en el auto, el silencio se rompió por la voz temblorosa de ella. Alexander acababa de sacarla del hospital y la llevaba de vuelta a casa, pero la tensión era insoportable.

De pronto, ella comenzó a relatarlo todo, a desgranar la verdad que había provocado su colapso. El hombre escuchó atentamente, aunque, irónicamente, ya lo sabía.

—Alexander… —su voz era apenas un murmullo—. Descubrí que mi madre… esa persona que creí que era mi madre… rea
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