Valeria llevaba algunos días más en el hospital. La ansiedad le crecía, y cada día que pasaba, su deseo de salir de esa habitación se intensificaba. Ya no había visto a Alexander, y a pesar de la promesa de que él la cuidaría, la ausencia la hacía sentir desamparada. Solo quería ir a casa. Pero no sabía cuándo le darían el alta.
Finalmente, una mañana, cuando el doctor Jones entró en la habitación para su ronda, Valeria no pudo contenerse.
—Doctor, ¿cuándo me darán el alta? —preguntó, su voz ll