Valeria estaba aterrada. La noche cayó sobre el hospital y la habitación de lujo se sintió como una celda. Las palabras de Alexander la perseguían: "estamos casados", "estás embarazada de cuatrillizos". Pasó la noche con la almohada empapada en lágrimas, y durante los días siguientes, el miedo le impidió mirar a Alexander a los ojos. No podía explicar por qué, pero algo en su interior le decía que no confiara, que algo más se ocultaba en esa historia.
Y de pronto, una noche, en medio de la madr