Y por fin, un día sucedió. Ahora Valeria era Beaumont. Ese día que recibió la noticia, estaba muy contenta. Sus padres le extendieron los documentos: todo estaba listo, oficialmente llevaba el apellido. Lo había recuperado. Se abrazaron con emoción.
—Esto merece una celebración—comentó la madre, visiblemente emocionada.
Valeria sonrió, estando completamente de acuerdo. Se apresuró a arreglarse para la salida que tenían pendiente.
Mientras tanto, por otro lado, Alexander estaba en su lujoso piso