Alexander se puso de pie, y todos los presentes en la sala de reuniones prestaron atención instantánea. Como era habitual, era un orador sumamente hábil, explicando con claridad y naturalidad los puntos clave de la reunión, detallando lo que harían para asegurar el éxito rotundo del próximo proyecto. La emoción por el plan era más que claro en la sala.
—¿Alguien tiene alguna objeción? —preguntó, recorriendo con la mirada a los presentes.
Nadie parecía tener ningún problema; todos asentían en a