Valeria observó cómo Alexander sacaba de la bolsa varias viandas con la comida. Él comenzó a servir en un plato, encargándose de todo con una solicitud que la sorprendió. Callada, se unió a él en la mesa. La mujer aspiró hondamente, dándose cuenta de que el aroma era demasiado delicioso; sus fosas nasales estaban agradecidas. Olía sumamente bien, y la comida se veía apetitosa.
—¿Puedo saber qué es lo que realmente vamos a comer? ¿Qué es este platillo? —preguntó, con ganas de saberlo.
Alexander