TANYA RHODES
No recordaba muy bien lo ocurrido la noche anterior, solo breves destellos que no me daban claridad. Apreté mi cabeza entre mis manos antes de dejarme caer sobre esa mullida cama. Ni siquiera sabía cómo carajos había terminado ahí, pero algo sí era bastante preocupante y era saber que estaba completamente desnuda.
—¡Dios! ¿Qué hice? —me pregunté mientras cubría mi rostro con ambas manos.
Sin darme mucho tiempo para encontrar respuestas, la puerta se abrió con fuerza.
—¡Arriba! —ex