TANYA RHODES
Me quité los pantalones con torpeza, casi cayéndome, mientras giraba la llave de la regadera. El agua fría comenzó a caer a mis pies, salpicándolos, y mi ansiedad aumentó. Me arranqué la blusa antes de ponerme bajo el agua.
Comencé a tiritar mientras me abrazaba a mí misma, podía imaginarme el vapor que desprendía mi cuerpo al contacto con el agua fría y, aun así, no era suficiente. Mi corazón estaba atragantándose con mi propia sangre, cada vez le costaba más latir.
Desesperada