TANYA RHODES
—¿Nerviosa? —pregunté mientras le acomodaba el velo a Vanessa.
—No… No mucho —respondió viéndose al espejo como si no se reconociera, antes de voltear hacia mí con el rostro convertido en una mueca de pánico—. ¡¿Se nota?!
Compartimos una sonrisa. Vanessa era la novia más hermosa que había visto en mi vida. Lucía un encantador vestido blanco hecho a la medida. Noah la había llenado de joyas y flores, no solo para este momento. Cada día, como si tuviera que pagar tributo, llegaba co