TANYA RHODES
Rocié un poco de perfume en mi cuello mientras veía mi imagen a través del espejo. El vestido que me había regalado Viggo era diferente a los anteriores. No solo era más elegante, digno de una cena de gala, sino que también me hacía sentir, extraña, más femenina, más… sensual. Me levanté del taburete y puse distancia para poder verme de cuerpo completo.
El vestido era de un tono borgoña de caída ligera, se adhería a cada curva de mi cuerpo de manera natural, como si fuera una segu