TANYA RHODES
—¡No! ¡¿A dónde se lo llevan?! —exclamó mi madre mientras los policías sacaban a mi padrastro de la casa. Todos los vecinos estaban asomados y sacaban fotos y video de lo que estaba ocurriendo.
Entonces Vane me acercó su paquete de galletas. Estaba atenta a todo lo que ocurría como si estuviera ante una obra de teatro. Era alguien que le gustaba presenciar el caos desde el mejor asiento y con golosinas a la mano.
—¡Es inocente! —gritó mi madre, histérica—. ¡Quién miente es Tanya!