TANYA RHODES
Cuando por fin mi cuerpo se detuvo escuché el murmullo de las personas a mi alrededor, pero a la única que pude ver fue a Vane, acercándose con su vaso de café y un panqué para mí, siempre me llevaba algo, aunque no se lo pidiera.
En cuanto nuestras miradas se encontraron, ella soltó todo y corrió hacia mí con el rostro pálido.
—¡Tanya! —exclamó con voz desgarrada y se hincó a mi lado. Entonces ambas bajamos la mirada hacia mis pantalones blancos, estaban llenos de sangre.
Abrí l