Capitulo 16: Reencuentro II
No sé cuánto tiempo ese troglodita me llevó sobre su hombro, como un costal de papas. El constante balanceo, sumado al cansancio extremo acumulado físico y mental por todo lo vivido y las incontables horas sin dormir, me adormeció profundamente. Sin embargo, mi creciente sueño se vio abruptamente interrumpido: la montaña de músculos sin educación y lleno más de testosterona que cerebro me depositó con tal brusquedad que mis piernas, entumecidas por la extraña posición, no respondieron, y terminé