La imagen de mi mejor amiga desvaneciéndose en un haz de luz se grabó en mi mente; fue, sin duda, la peor experiencia que he vivido. Pero el verdadero calvario comenzó cuando intenté contar lo sucedido: cada persona que escuchaba mi historia me tachaba de loca, llegando incluso a sugerir un psiquiátrico. Desesperada, mi última esperanza fue seguir la inusual señal de una aparición de energía, distinta a las habituales. Sin embargo, al llegar al punto de origen, la desesperación me invadió al no