63. EVIDENCIA
[SOFÍA]
9 de noviembre
El amanecer llega suave, casi tímido, con una luz dorada que se filtra entre las cortinas pesadas del cuarto del hotel. Abro los ojos lentamente y lo primero que veo es el perfil de Francesco, aún dormido, con el cabello revuelto y una tranquilidad en su rostro que pocas veces le había visto. El silencio en la habitación se siente como un refugio; sólo se escucha el zumbido lejano del aire acondicionado y el golpeteo ocasional de la lluvia que continuó durante la madrugad