La tarde se desliza con una calma engañosa, y pronto el cielo se tiñe con tonos violetas que anuncian el anochecer. Las luces del salón comienzan a encenderse una a una, reflejándose en los ventanales que muestran la ciudad bajo el manto de la noche.
Me hubiese gustado compartir este lugar con mis otros socios, con Terrence y Adric, con las hermanas alemanas… personas con las que podría hablar de negocios, de planes, de futuro. Pero no es posible. Aquí no hay más que hostilidad disfrazada de co