Nikolaus Hoffman.
Despiértenme si estoy soñando.
Porque la mujer que tengo frente a mí no puede ser mi Eva… y sin embargo lo es. El calor que irradia su piel me hechiza, me abrasa, me enloquece. La deseo, claro que la deseo, más que a nada en este mundo. Pero jamás imaginé verla aquí, en mi oficina, reclamando con su sola presencia el derecho de gritarle a todos que me pertenece, dispuesta a entregarse sin reservas, dispuesta a amarme en el lugar más prohibido.
No puedo resistirme.
La beso con