Tiempo actual
—No puede pasar. —me dice uno de los guardias, con voz seca, cruzando sus brazos como un muro humano.
—Quiero ver a Nikolaus Hoffman. —respondo con el corazón latiéndome en el pecho, mirándolos desafiante—. Debo asegurarme de que se encuentra bien.
—¿Tiene cita? —pregunta el otro, con indiferencia, como si yo fuese una molestia más en su rutina.
Niego lentamente, sin apartarles la mirada.
—Entonces no podrá ingresar. Vuelva cuando tenga cita. —sentencia el primero, casi divertido