El día del baile llegó y una mezcla de nervios y emoción me recorre desde la punta de los dedos hasta el corazón. Sé bailar, sé cómo comportarme, pero estar entre desconocidos —muchos de los cuales claramente me detestan— me hace sentir vulnerable, expuesta.
Sonrío con un dejo de tristeza; este evento siempre fue un sueño mío, un sueño idealizado junto a Adán, un sueño que jamás se materializó… hasta hoy.
—¿Te sientes bien, Eva? —pregunta Nikolaus, tomando mi mano con firmeza y besando el dorso